Slow Travel, snail

Uno cruza la puerta con la familia detrás y siente que una paz solo al alcance de monjes budistas con años de meditación a las espaldas llena su pecho. Las caras de la familia casi dicen lo mismo: ese fin de semana en aquella capital europea nos ha dejado generosas ojeras, macizas bolsas en los ojos, las piernas y los brazos agotados y los nervios un poquito de punta. Pero solo un poco,¿eh?,que venimos de vacaciones… Ahora solo hace falta descansar de las vacaciones porque nos han hecho polvo esas colas en cada monumento, esos precios del centro de la ciudad, esas vueltas para encontrar con el hotel, esa interminable lista de “esto-hay-que-verlo” comprimidos en un fin de semana en esa afamada capital europea. Dos días. Un programa de actividades inabarcable. Así comienza el guión de lo que puede ser una película de terror pero, ¿esto es siempre así? ¿Hay alguna alternativa? Pues sí que existe. El slow travel, una nueva forma de pensar el turismo.

Ahora más en serio: la tendencia del turismo slow se ha ido ganando su hueco poco a poco, como no podría ser de otra manera. Esta idea se originó en Italia, como una sección del movimiento slow food. Estos italianos reivindicaban allá por los años ochenta la gastronomía autóctona frente a la progresiva asimilación de la cultura del fast-food.

Los siguientes años, el movimiento fue fijando sus posiciones en la filosofía decrecionista, y se preocupó de otros aspectos de la vida occidental contemporánea, entre ellos, el turismo.

¿Pero qué es el turismo “de ir despacio” exactamente?

Los puntos clave del turismo slow son:

1) Los destinos no son grandes centros turísticos saturados. Al contrario: pueden estar relativamente cerca de esas capitales pero suelen ser zonas pequeñas.

2) La estancia en tes destino tiene que ser de una semana, al menos. Hace falta tiempo para conocer el porqué del atractivo de la zona y un golpe de vista no puede revelarlo todo.

3) El alojamiento elegido será modesto: algo así como una posada local, un refugio o una casa rural u hotel de pocas habitaciones.

4) Las actividades del turista slow están orientadas a conocer el destino sí, pero también a relacionarse con la gente de la localidad. Así que la caminata y la charla ocuparan una buena parte del tiempo en estas vacaciones slow.

6) Y, sobre todo, el turista slow es respetuoso con el entorno de acogida y lo trata con el mimo y respeto que trataría su propia casa.

Esta actitud nos da una idea del perfil del cliente que tiene interés en este modo de viajar: los matrimonios de mediana edad, las parejas de mediana edad con hijos o las familias con hijos, abuelos con los nietos, los matrimonios de la tercera edad y parejas de gente joven.

Como indica Andrea de Luis Blanco en su aproximación al turismo slow, los puntos que definen el concepto slow son parte de una misma cadena: más tiempo en un lugar aumenta las posibilidades de relacionarse con los locales, con lo que aumenta el valor añadido del destino Una mayor duración de la estancia podría suponer una mayor interacción con la población local con lo que podría aumentar el valor añadido del viaje además de ser beneficioso para ambas partes implicadas en términos de comprensión recíproca.
Todos los interesados directa o indirectamente tienen que estar informados, motivados e implicados.

¿Qué hace falta para ser un destino slow?

Las localidades que forman la red slow asumen una serie de compromisos concretos y verificables: apoyo a la agricultura, gastronomía y el comercio local, mejoras en el sistema de acogida de turistas, recuperación de zonas monumentales y centros históricos además del requisito de no superar los 50.000 habitantes, entre otras cuestiones que funcionan como sello de calidad.

Esta idea cuenta con un respaldo internacional desde hace más de una década. La red Cittaslow contó con un apoyo institucional –alguno dirá que modesto, pero también bien motivado– desde 1999 cuando tres municipios italianos crearon la primera red. En España, el concepto de cittaslow está abanderado por los municipios de Begur y Pals en Girona, Mungia y Lekeitio en Vizcaya, Rubielos de Mora en Teruel y Bigastro en Alicante.

Solo uno de estos ayuntamientos supera los 10.00 habitantes pero los situados en la costa cuentan con el input de ser localidades con veraneo tradicional, más traído por el destino en sí que por el viaje y la estancia, algo que más cerca de la filosofía slow.

¿Existen alojamientos con filosofía slow travel en España?

La realidad es que la iniciativa privada ha ido por delante de los ayuntamientos pequeños en cuanto la práctica de la filosofía slow travel. Los hoteles boutique asociados en Boutique Hotels Spain, que este año se ha incorporado a la cartera de clientes de Mr Turismo, han hecho de los principios del slow travel una razón de ser: muchos de sus hoteles han convertido su carta en una reivindicación de los productos locales y de temporada. Incluso algunas, como el Hotel Restaurante Torre del Visco, cultivan las verduras y hortalizas que luego servirán en sus menús. Se trata de establecimientos en los que la calma, la arquitectura integrada en el paisaje y el gusto por conocer entornos y habitantes son seña de identidad.

¿Y en cuanto a Galicia?

No es difícil imaginar que esta etiqueta estaría bien aplicada para muchos lugares de la comunidad. La dispersión demográfica hace que convivan concellos con una estructura turística más robusta muy cerca de lugares en los que aún perdura la idiosincrasia y los elementos que definen su identidad. Aunque la promoción del turismo slow no requiere de la creación de una marca, sino de que el lugar siga vivo, cuidado y que esté relativamente cerca de un medio de transporte, tren o avión. La accesibilidad es un factor importante en un sector turístico de nicho específico.

Algunos establecimientos turísticos han incorporado tanto la oferta slow food con una carta dedicada a los alimentos locales y la gastronomía tradicional, así como a los contenidos orientados a dar a conocer la localidad. Aún así, la filosofía aún está empezando, como quien dice, y todavía no existe una red local que haya hecho hincapié, aunque la propia oferta de turismo rural tiene todo lo que un viajero slow busca: oferta gastronómica local, entorno natural y, sobre todo, el Camino de Santiago, la actividad slow por excelencia.

Eso sí, algo de la filosofía slow travel va prendiendo en la restauración. Cada vez encontramos más restaurantes que abanderan la cocina autóctona y sin adulterar como su bien más preciado. Y no es para menos.

El turismo slow gana su terreno a su ritmo, claro está. Quizás las vacaciones del siglo XXI tienen más que ver con reencontrarse un poco a uno mismo y reservar un tiempo de calidad para descansar que a acumular fotos de lugares masificados.

¿Cómo lo ven?


5 comentarios

tono · 17 octubre, 2018 a las 17:57

la misma fecha que tiene el post.

Rebeca · 27 abril, 2018 a las 11:05

Hola, estoy haciendo un trabajo para la universidad y necesitaría saber en qué fecha se escribió este artículo y el autor. Muchas gracias! 🙂

tono · 10 marzo, 2017 a las 13:48

Muchas gracias por tu comentario Alvaro. Un saludo.

Alvaro · 10 marzo, 2017 a las 13:38

Bueno post!

terapia de pareja · 4 noviembre, 2016 a las 5:43

Así es, el movimiento slow, se extiende lentamente en consecuencia. No solo en la comida, o el turismo; también en la psicoterapia, en la que buscamos que las personas hagan un alto a su acelerado ritmo de vida que les trae problemas y antes de salir de uno ya se están metiendo en otros. En terapia de pareja, vemos la visión slow y el mindfulness como grandes alternativas.
Saludos desde la Ciudad de México.

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